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Hadas de Aire
Los Silfos
El nombre de las criaturas Elementales que denominamos Silfos es de difícil raíz etimológica, probablemente galorromana y derivada de los sonidos que producían los vientos en las arpas druídicas que, como las eólicas griegas, solían suspenderse colgando de los árboles sagrados, para interpretar una música no humana.
Estos Espíritus de la Naturaleza se caracterizan por vivir exclusivamente en el aire; son muy difíciles de percibir dada su naturaleza inestable, fluídica, dotada de muy veloces movimientos de tal modo que el investigador debe clavarlos en algo que no se mueva para poder hacer el más somero estudio. Este sistema enfurece a los Silfos y les causa dolor. No tanto por la sujeción en sí, sino porque se les priva de movimiento, sin el cual desfallecen y llegan a morir. Es su necesidad constante el correr y trasladarse.
Tan sólo tienen apariencia humana en su cabeza, pues el resto del cuerpo, de difícil estudio, es parecido a la imagen que tenemos de los ángeles, pero menos apacibles y no siempre con sólo dos alas. Tampoco estas alas, en los casos de Elementales del nivel en que los estamos describiendo, son tan blancas, agradables ni emplumadas como las de las imágenes griegas, romanas y cristianas.
Los Silfos son espíritus que tienen su reino en los vientos, brisas, ráfagas, remolinos, etc.
Cada uno es distinto según su manifestación, adoptan formas muy extrañas y están presentes constantemente, aún en los días en que parece que no se mueve ni una sola gota de aire.
El carácter de ellos, por lo general, es muy amigable, salvo en determinadas horas en que los jefes de los aires toman el mando y pueden provocar grandes catástrofes. Son muy cambiantes y la amistad con ellos evitaría muchos problemas.
Hay cuatro clases de viento y distintas potencialidades, es decir, según el carácter que tengan en ese momento. Los vientos del hemisferio norte son inversamente contrarios a los vientos del hemisferio sur, por ejemplo, en el hemisferio sur, los vientos del norte son cálidos y húmedos, pues vienen de zonas muy calientes, y los vientos del sur son mortalmente fríos, pues provienen de la Antártida. En el hemisferio norte sucede al revés. Pero estos elementales están presentes en todo el globo y en los últimos años es posible que estén enojados pues las acciones humanas han perjudicado el planeta transfiriendo problemas a otras dimensiones o liberando fuerzas que ellos mismos no sabían podían utilizar. Esto es igual en los otros reinos, tanto en las aguas, como en el fuego y la tierra. Sucede que el ser humano normal, razona según sus instintos e intereses egoístas, niega cualquier posibilidad de vida diferente a la que ve en el espejo de su baño, pero el planeta ¡es un ser vivo!, razona, siente, se mueve, crece, se enoja o se apacigua, tanto como los "seres superiores" del planeta lo hacen. ¡Si por un momento nos dejáramos de creer que somos el centro del universo....!
Antiguamente la astrología sostenía (y aún lo hace para la confección de la carta astral, pero con otro sentido), que el centro del universo era la tierra... bien, con el desarrollo de las ciencias y en épocas modernas los científicos demostraron que la tierra no es más que un simple y pequeño planeta que gira alrededor de una estrella no muy grande dentro de una de las millones de galaxias en el universo, tildó de absurda a la Astrología pero hizo exactamente lo mismo que anteriormente criticó, se situó la ciencia como centro del universo del hombre. Gran error. Si bien la literatura y la fantasía aportaron sus cuotas de imaginación y dibujaron a los elementales de la naturaleza según el capricho o inspiración de los artistas, estos elementales no dejaron de existir ni modificaron su existencia.
El mundo está lleno de poderes que los seres humanos desconocen. Como todo en la vida uno debe andar su camino despacio y con cautela. No negar nada a priori, pero tampoco dejarse embaucar. En estas sendas de magia y misterio uno debe tener mucho más agudizado el sentido común que el común de las gentes, pues es una herramienta que nos ayudará a dilucidar esos enigmas aún cuando no podamos convertirnos en amos y señores de los reinos a los que accedemos. Pero que en todo caso ingresaremos a ellos, aprenderemos muchas cosas y saldremos, seguramente, con más enriquecimiento en nuestro saber.
Los Silfos o Hadas del aire, como es natural, se encargan de controlar los vientos y su desarrollo. Si se produce una tempestad y se descontrola el aire y las corrientes, se dice que la causa es de los elementales que han atacado por sorpresa a las hadas mientras controlaban el ritmo del viento. Cuando esto se produce, las consecuencias son devastadoras.
En la raza de los Silfos, encontramos a los Wallotes que son el género masculino y a las Arienes que son el género femenino.
Estos seres son totalmente ingrávidos, y están compuestos en su totalidad por aire y luz.
Provienen de la mitología griega donde los silfos eran conocidos como un pueblo pequeño del aire, que vuelan en enjambre, haciendo nido en una flor, o unas briznas de musgo, al pie de un arból.
Los silfos tienen, a diferencia de los elfos, alas de libélulas.
En el Mediterráneo se les conoce a estos dioses de las brisas con el nombre genérico de Céfiros, en honor a Céfiro, la suave brisa del oeste en Grecia. Cefiro y sus hermanos: Euro, que representa los vientos del este; Bóreas, el fuerte y frío viento del norte y Austro, el tormentoso viento del sur, suelen ser representados con alas de poderosos pájaros (blancas en el caso de Bóreas, para representar la nieve y frío invernal, y negras plumas para Austro, para ilustrar la oscura nube de tormenta tropical).
Hay quien dice que los Silfos tras vivir 10.000 milenios cambian su color de cabellos a blanco pues la sabiduría de las eras consume el color de pelo negro de la juventud.
Pueden viajar a grandes velocidades sin problema, aunque tras yacer con un humano, su poder de volar desaparece y se convierten en humanos. A diferencia de los elfos no poseen lengua hablada ni escrita sino el poder del pensamiento. Los silfos son indiferentes con los elfos como los elfos con los hombres, al considerar aburridas y sin importancia las teorías de los elfos sobre el apego a lo inmutable. Los Silfos en cambio consideran al progreso como algo a que debe ser dejado proseguir su camino.
Los hombres de ciencia han tratado unas y otras veces de ofrecer una explicación adecuada de los fenómenos de los vientos y de las tormentas, pero han fracasado rotundamente, ni obtendrán jamás éxito mientras traten de ofrecer simples soluciones mecánicas a lo que realmente es una manifestación de la vida. Si pudieran ver las legiones de Silfos aleteando de un lado para otro, sabrían quienes causan la variabilidad de los vientos. Y si pudieran observar una tormenta en el mar desde el punto de vista etérico, verían que lo que llaman la “guerra de los elementos” no es una frase vacía, porque el tumulto del mar es entonces realmente el campo de batalla de los Silfos y las Ondinas y los rugidos de la tempestad no son más que los gritos de guerra de los espíritus en el aire. También los Silfos están sujetos a la muerte, siendo sus cuerpos formados por el éter luminoso, pudiendo vivir millares de años.
Las sílfides
Las sílfides son seres de los amplios espacios abiertos y el aire. Son las responsables de los mitos de "ángeles", los protectores alados del Jardín del Edén. Sus actitudes incluyen los extremos de naturaleza, mercurial e intenso. Por encima de todo, defienden las altas cumbres y montañas deshabitadas que son sus casas.
Las sílfides son semihumanas voladoras de gran belleza. Están emparentadas con las dríadas y las ninfas.
Físicamente, una sílfide tiene la apariencia de una elfa o una humana, muy bella y de rasgos delicados. Tiene alas de libélula y son transparentes o con manchas iridiscentes. Sus cabellos son largos y del color típico de una humana, aunque también pueden ser azules, verdes o violetas.
Son seres neutrales, de carácter amigable. Mantienen el aspecto juvenil durante toda su vida. Hablan en un lenguaje musical, propio de los seres mágicos con los que están emparentadas.
Las sílfides habitan en las alturas, ya sea en las montañas o en las copas de altos árboles. Rara vez se las ve en tierra firme. Construyen sus nidos individuales en las laderas de las montañas, o tallados en los árboles.
Una sílfide tiene capacidad de levitar innatamente. Su ágil vuelo es comparable al de pocos seres. Puede volar y moverse libremente, las alas sólo le sirven para coger impulso. Sin embargo, esta capacidad de levitar es de carácter mágico. Si se les lanza un conjuro antimagia no pueden volar.
Las sílfides tienen otras muchas habilidades mágicas, como la de hacerse visible o invisible a voluntad, y la de invocar elementales del aire.
Las sílfides pueden tener descendencia con humanos o elfos. Una vez que la sílfide deposita un único huevo perlino, invoca a un elemental del aire para que proteja y dé calor al huevo hasta el momento de su eclosión.
Las pequeñas sílfides tienen el aspecto de una niña humana, pero con dos pequeñas alitas. Estas pequeñas sílfides pueden alcanzar el ágil vuelo a partir de los 10 años.
Las sílfides, de género femenino, velan por las nubes y las lluvias. Son bellas y suelen manifestar su belleza ante los seres humanos.
También pueden ser musas inspiradoras para los artistas porque pueden poner en funcionamiento mentes bloqueadas de quienes trabajan con la imaginación. Son definitivamente benévolas y de todos los elementales, las más próximas a los ángeles.
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