¿Quien mejor que un hada para hablarte de ellas?
Ya sabes que a las hadas no nos gusta que nos molesten ni que nos miren, así que es muy dificil que puedas acercarte a ellas sin mi ayuda.
Peter si puede nos acompañara algun rato, aunque suele estar muy ocupado con los niños perdidos.
Acompañame sin hacer ruido y ....

Vamos a recorrer el fabuloso bosque de las hadas.
Tras conocerlo cuando camines por un bosque, escucha el silencio y disfruta de el, disfruta de los rumores del viento, del agua, de las hojas... Y recordaras que escondidas entre las flores, en los árboles, en las fuentes, los arroyos y en las plantas estamos nosotras, abre bien los ojos y quizás consigas vernos!!
Empezaremos por acercarnos a las hadas de Tierra, pero antes quiero explicarte algo,llego hace mucho tiempo un viajero, iba perdido por el bosque y nosotras nos ofrecimos a ayudarlo a cambio de que nos contara una historia, el hombre se sento junto al rio y dijo que nos recitaria un poema que un humano muy famoso llamado Rubén Dárío habia escrito sobre nosotras, nos quedamos todas encantadas, nos gusto tanto que le enseñamos el camino de vuelta y muchos de nuestros secretos, incluso con el tiempo se enamoro de una ninfa y vive con ella en el bosque.
Te lo voy a recitar porque es precioso...
La copa de las hadas
¿Fue en las islas de las rosas,
en el país de los sueños,
en donde hay niños risueños
y enjambre de mariposas?
Quizá.
En sus grutas doradas,
con sus diademas de oro,
allí estaban, como un coro
de reinas, todas las hadas.
Las que tienen prisioneros
a los silfos de la luz,
las que andan con un capuz
salpicado de luceros.
Las que mantos de escarlata
lucen con regio donaire,
y las que hienden el aire
con su varita de plata.
¿Era día o noche?
El astro
de la niebla sobre el tul,
florecía en campo azul
como un lirio de alabastro.
Su peplo de oro la incierta
alba ya había tendido.
Era la hora en que en su nido
toda alondra se despierta.
Temblaba el limpio cristal
del rocío de la noche,
y estaba entreabierto el broche
de la flor primaveral.
Y en aquella región que era
de la luz y la fortuna,
cantaban un himno, a una,
ave, aurora y primavera.
Las hadas ?aquella tropa
brillante?, Delia, que he dicho,
por un extraño capricho
fabricaron una copa.
Rara, bella, sin igual,
y tan pura como bella,
pues aún no ha bebido en ella
ninguna boca mortal.
De una azucena gentil
hicieron el cáliz leve,
que era de polvo de nieve
y palidez de marfil.
Y la base fue formada
con un trémulo suspiro,
de reflejos de zafiro
y de luz cristalizada.
La copa hecha se pensó
en qué se pondría en ella
(que es el todo, niña bella,
de lo que te cuento yo).
Una dijo: ?La ilusión;
otra dijo: ?La belleza;
otra dijo: ?La riqueza;
y otra más: ?El corazón.
La Reina Mab, que es discreta,
dijo a la espléndida tropa:
?Que se ponga en esa copa
la felicidad completa.
Y cuando habló Reina tal,
produjo aplausos y asombros.
Llevaba sobre sus hombros
su soberbio manto real.
Dejó caer la divina
Reina de acento sonoro,
algo como gotas de oro
de una flauta cristalina.
Ya la Reina Mab habló;
cesó su olímpico gesto,
y las hadas tanto han puesto
que la copa se llenó.
Amor, delicia, verdad,
dicha, esplendor y riqueza,
fe, poderío, belleza...
¡Toda la felicidad!...
Y esta copa se guardó
pura, sola, inmaculada.
¿Dónde?
En una isla ignorada.
¿De dónde?
¡Se me olvidó!...
¿Fue en las islas de las rosas,
en el país de los sueños,
en donde hay niños risueños
y enjambres de mariposas?
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
Esto nada importa aquí,
pues por decirte escribía
que esta copa, niña mía,
la deseo para ti.
