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HISTORIA DE LAS HADAS

Esos seres fantasticos!!!
¿Quién no ha creído de niño en las hadas? Las hadas constituyen un fenómeno de creencia en un mundo mágico que nos rodea y que ha existido desde tiempos ancestrales, porque no se recuerda cuando han sido inventados estos seres, sino que su memoria siempre ha coexistido con el hombre. En los primeros años de nuestra vida nos rodea un halo de magia y de inocencia y seguramente la mayoría de los niños han intentado encontrar las hadas en más de una ocasión. Sin embargo, pocas son las veces que se consigue ver alguna, por ello cuando vamos creciendo nos convencemos a nosotros mismos de que estas criaturas fantásticas no existen y que no son más que una mera ilusión de la infancia.
No obstante, las hadas seguirán existiendo ya que necesitamos creer en la magia Además, las hadas son necesarias para poner un poco de encanto en nuestras vidas y también para inspirar las artes, porque no olvidemos que los artistas se sienten inspirados por las musas para crear sus obras. Estas pequeñas musas se comportan de forma amable, caprichosa, esquiva, traviesa, sensitiva e invisible, estas son sus principales características, por ello no podemos resistirnos a sus encantos y seguimos transmitiendo de generación en generación su mito y su leyenda.
Un hada (del latin fatum: hado, destino) es una criatura fantástica y etérea, personificada generalmente en forma de mujer hermosa, que son protectoras de la naturaleza, producto de la imaginación, la tradición o las creencias y perteneciente a ese fabuloso mundo de los elfos, gnomos, duendes, sirenas y gigantes que da color a las leyendas y supersticiones de todos los pueblos primitivos. Se puede provocar el contacto con ellas desarrollando la visión etérea según las leyendas.
Que son los Elementos
Según conceptos milenarios sobre la constitución del Cosmos, éste estaría constituido sobre la base de un solo Elemento. Siendo el Arquetipo uno, la Sustancia debe ser, por fuerza, una en esencia. A esto se referían las publicaciones de Demócrito sobre el átomo como parte indivisible sobre la que se asentaba el Cosmos. No es el llamado átomo, que desde hace medio siglo el Hombre desintegra, al que se refirieron los antiguos griegos. El que hoy llamamos átomo (que literalmente significa sin partes y por lo tanto indivisible) no pasa de ser una micromolécula integrada a su vez por muy variados elementos. El átomo de los clásicos está más allá de todo lo que conoce la ciencia actual.
Pero en el plano manifestado en que nos movemos y nos es dado percibir y entender, podemos afirmar que existen cuatro Elementos: la Tierra, el Agua, el Aire y el Fuego. Estos cuatro forman dos cruces generativas interpenetradas, ya que la Tierra y el Aire tienen movimiento horizontal y el Agua y el Fuego, vertical. Así, la Tierra es fecundada por el Agua y el Aire es fecundado por el Fuego. De estos cruzamientos surgen elementos vitales que se caracterizan por su impulso y acción benefactora para el Hombre: la fertilidad material y la fertilidad energética.
No han de entenderse estos cuatro Elementos como la Tierra física, el Agua física, el Aire físico y el Fuego físico, sino como grupos mucho mayores que se representan esotéricamente por los cuatro nombrados. Asimismo se corresponden con los cuatro planos inferiores de la Naturaleza: la Tierra con lo Físico, el Agua con lo Energético, el Aire con lo Psíquico y el Fuego con lo Mental. En Alquimia son los cuatro estratos que se plasman en el interior del Atanor. En la base, la Sal; en el medio las dos formas de Mercurio, y en la parte superior el Azufre coronado por el Fénix de Fuego, forma de quinto Elemento que en estado natural es imposible hallar, pues es muy inestable al estar aún en su etapa formativa.
Los cuatro Elementos influyen en las características de las cosas y así oímos hablar, aunque no siempre con conocimiento de causa, de vegetales de Agua, de piedras de Aire o de signos zodiacales de Fuego. En verdad, los cuatro Elementos son como cuatro impulsos o notas musicales fundamentales de nuestra Naturaleza, dentro de la tónica de Unidad Dinámica .que la caracteriza, que permite que estas cuatro Modalidades se interpenetren y sean arquitecturadas por el Plan Divino que nos rige.
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Que son los Elementales
Aunque mas adelante hablare de los seres elementales que moran en cada elemento ahora explicare de forma general lo que son los elementales.
Son Formas de Vida dentro de los Elementos. A estas formas de vida pertenecen las hadas al igual que muchos otros seres como los Duendes, Elfos.... Obviamente es muy difícil explicar las características básicas que habrían de definidos, pues al no estar sus cuerpos en el plano estrictamente físico en que se desarrolla nuestro entorno visual y auditivo, o mejor expresado, al no estar sus cuerpos en la posición en que nos es fácil ver las cosas; sin embargo los Elementales son los que rigen las variaciones de las órbitas de los elementos subatómicos y de los llamados Nidos de Galaxias - ya que configuran la Inteligencia Elemental de toda forma de energía. Su existencia basta para negar la casualidad de los fenómenos naturales, y que existe un sentido de la Vida, un inmenso plan, un ritmo como de danza en el Universo. y asimismo, que si consideramos tan sólo materia y energía como dos formas menos y más sutil de una misma cosa, el Universo se detendría, pues en su ecosistema hacen falta elementos inteligentes y sensibles que prevengan en lo posible los accidentes, que activen a manera de invisibles catalizadores determinados procesos, y que justifiquen una forma de psiquismo de la Naturaleza que vamos descubriendo.
A ese factor X, como gustan llamar algunos científicos de avanzadas concepciones, las enseñanzas esotericas les llaman Elementales o Moradores de los Elementos.
Estos seres existen en lo eterico y pueden manipular y dirigir la materia para producir efectos físicos. Todo lo que nos rodea (reino mineral, vegetal, animal, nosotros mismos, nuestros cuerpos y órganos internos) es creado y mantenido por los espíritus naturales. Para los espíritus naturales, según el teósofo Rudolf Steiner, las sustancias y las fuerzas de que están compuestas son esenciales, derivadas todas ella de su “éter universal”.
Para la ciencia espiritual, los elementos y los éteres trabajan en conjunto, en parejas: el fuego con el éter-calor, el aire con el éter-luz, el agua con el éter-químico, la tierra con el éter-vital, pero a partir de polaridades contrarias; los elementos suben desde el centro de la tierra, los éteres descienden de la esfera celeste de la que son originarios. En conjunto y en diversas mezclas sutiles, los 4 éteres y los 4 elementos forman todos los espíritus naturales.
¿Existieron alguna vez? y ¿Como nacieron?
Según las enseñanzas esotéricas, son más viejos aún que el Hombre mismo sobre la Tierra. Ellos -habitantes, guardianes y consubstanciados con los Elementos- existen como formas manifestadas desde que el Mundo existe.
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Cuando éste era tan sólo una masa de gases radioactivos y materia incandescente, los Elementales del Fuego lo velaron; al aparecer los gases estables en su composición química y la época de los grandes vientos, los Elementales del Aire cuidaron que la evolución de esos incipientes gases y su estratificación sobre la recién consolidada corteza terrestre, se volviese cada vez más apta para las formas de vida física que estaban planeadas. Cuando los gases se hicieron pesados y se precipitaron como las primeras aguas y éstas cubrieron la casi totalidad del planeta, dando lugar a las primeras formas realmente materiales de vida. los Elementales del Agua trabajaron y fueron modificando el primitivo aspecto del líquido elemento, en aquel entonces fuertemente sobrecargado de materias pesadas en suspensión, cosa que le daba una característica casi coloidal en los asentamientos, mientras que las altas olas rozaban con sus espumas aún no blancas las nubes bajas y compactas. Más tarde, como inmensas tortugas aletargadas, surgieron los escudos continentales, y sobre ellos velaron los Elementales de la Tierra dándoles características de fertilidad y ayudando a la enorme población forestal que posibilitó formas de vida superiores y la plasmación de la Humanidad misma.
Cada cosa en el Universo tiene su Espíritu Guardián. El Planeta también lo tenía y a él obedecían las jerarquías de los Espíritus de la Naturaleza cuando empezaron los días y las noches. Aún lo tiene y lo tendrá hasta su desaparición. Es el Dyan-Chohan del Libro tibetano de Dzyan, el Alma Resplandeciente que rige la Tierra, o el Anima Mundi de los latinos (pues anima y mueve, y no hay que confundirlo con el Espíritu o Ego Planetario del cual la Tierra física seria el cuerpo).
Este conocimiento es milenario y no sabemos cuándo empezó. Desde el mencionado libro tibetano hasta todas las demás referencias de la antigüedad, nos hablan de estos procesos que a la sombra de nuestra alienación científica pueden parecemos cuentos para no dormir.
Pero los Elementales, como ésos que siendo pequeños y débiles, pueden entrar en relación con los hombres, también llenan los libros viejos. Desde Sumer hasta Egipto y desde China hasta lo poco que sabemos de las culturas de América y del África Negra, pasando por Polinesia y los habitantes de las zonas cercanas a los Polos, y llegando a los siglos que nos precedieron en la civilización de Europa, los Espíritus de la Naturaleza tienen un papel relevante en aquellas formas de vivir menos contaminadas y más naturales.
Narraciones sobre Hadas, Genios, Gnomos, Ondinas, Elfos y toda la extensa gama de Elementales, atiborran la Historia de la Humanidad de tal manera que sin ellos no sería igual su desarrollo ni su narración, como podemos comprobar desde el Mito de Enkídu y Gilgamesh, pasando por la Odisea homérica, las Sagas de Arturo y Merlín, hasta los que enseñaron a danzar a Isadora Duncan e inspiraron los vidrios de Gallé. Roedado de polvo de estrellas y con sabor y olor a magia el mundo faerico forma parte de nuestra historia igual que la nuestra forma parte de la suya.
Hasta hace muy poco, sus representaciones adornaron las proas de los navíos, y aún tienen cientos de estatuas en el mundo, bien en los parques, bien sobre las rocas que dan al mar.
Las abuelas (…en el tiempo en que los niños eran niños, los adultos adultos y los ancianos ancianos, bien estuviesen en posesión de títulos universitarios, de nobleza, o fuesen analfabetas) contaban a sus nietecitos, sobre los Espíritus de la Naturaleza, deliciosos cuentos donde los personajes eran ondinas, gnomos, hadas, elfos, de los que se describían características de forma y de vida, prodigios y apariciones.
La misma creencia católica en un Ángel de la Guarda que cuida a las criaturas hasta que cumplen los siete años, tiene raíces mucho más antiguas que el propio cristianismo, y desde la Arcadia hasta América todos creían que los niños, por su pureza y fragilidad, tenían un Espíritu Guardián que les evitaba muchos. accidentes y protegía de las fieras, dándoles asimismo orientaciones para volver a sus casas cuando estaban perdidos.
Lo más curioso de todo esto es. que en pueblos tan disímiles, los Espíritus de la Naturaleza se representan de manera semejante en sus distintas interpretaciones artísticas. En la tradición se habla de los mismos seres Elementales en la Europa Central del siglo XV que en el corazón de la India del segundo milenio A C.
Si tenemos en cuenta que muchos de estos grupos humanos no se conocían ni sospechaban su mutua existencia, el que hayan tenido tantos puntos de coincidencia en la descripción de los Elementales, nos lleva a márgenes que rebasan toda posible casualidad Es evidente que todos vieron las mismas o muy parecidas cosas y que obraban de las mismas maneras. Se los atraía, se los conjuraba, se los repelía o se los temía… pero siempre de la misma manera. Esto reafirma que estaban, diferentes pueblos, ante un mismo tipo de fenómeno y que por lógica unicidad humana lo trataban de parecida forma. Como ante un no todos hicieron puentes más o menos sofisticados, pero puentes al fin. Y si todos los pueblos antiguos han hablado de los nos y de los puentes que construyeron sobre ellos, es evidente que los nos eran una presencia real. Lo mismo vale para los Elementales que eran para todos los pueblos antiguos una presencia real, que llega hasta nuestros días a través del folklore y los viejos tratados.
Entre las leyendas de estos pueblos sobre el nacimiento de las hadas podemos destacar muchas versiones unas son actuales y otras muy antiguas.
Para los celtas, que fueron los primeros pueblos que se instalaron en la Europa centro-meridional en torno al siglo V a.C., y para los eslavos, las hadas descienden de los ángeles rebeldes que, cuando fueron arrojadas del cielo, se refugiaron en el mar, en el aire, en los montes y ríos. Los irlandeses lo tienen claro, Dios expulsó a estos ángeles caídos debido a su orgullo.
Otra teoría defiende que las hadas descienden de una antigua tribu nórdica de la Edad de Bronce, que fue vencida y oprimida por los celtas y, tras ser derrotadas, se escondieron en colinas, montes, ríos y cuevas.
Algunas creencias populares todavía mantienen que estos seres son los más antiguos del planeta, una raza primitiva, que nacieron antes de que se formaran las montañas o los mares. Cuando se crearon los montes, los árboles, los mares y los ríos, todos anteriores a la creación humana, las hadas se refugiaron en la naturaleza, vieron cómo ésta crecía y en ella se quedaron. Posteriormente, ante el avance del ser humano, estos seres se ocultaron en cuevas y marismas.
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Una teoría curiosa viene a relacionar las hadas con los megalitos. Según cuentan los bretones, los Korred, otros habitantes del mundo de las hadas, intervinieron en la construcción de los dólmenes. Los Korred, que tenían una enorme fuerza, acarrearon las enormes piedras a sus espaldas y luego las agruparon en círculos. Luego se escondieron en cuevas bajo esas piedras. En Francia, por ejemplo, entre los nombres con que denominan a los menhires y dólmenes aparecen Roca de las Hadas, Piedra de las Hadas, Gruta de las Hadas, dejando constancia del supuesto origen de los menhires. A veces culpan a las hadas del desprendimiento de piedras, pues según ellos las hadas las llevan en sus faldas y luego las arrojan, provocando el desprendimiento.
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Otra teoría sostiene que el origen de las hadas estaba en la antigua Roma, donde tenían poderes proféticos, y cuando los romanos decidieron conquistar el resto de Europa las hadas decidieron acompañarlos. A medida que ellos se iban instalando en los distintos pueblos europeos, ellas iban con ellos, y de aquí la coincidencia etimológica entre los distintos pueblos. Algunas teorías sostienen que las hadas no pasaron a Grecia porque ya estaban allí instaladas las dríades y las ninfas, es decir, ya tenían sus propias hadas.
Otra teoría explica que las hadas en su origen fueron antiguas divinidades y héroes que se desvanecieron al instituirse los nuevos dioses. En relación con esta creencia en Irlanda se les trata como si fueran divinidades, ofreciéndoles dones para tenerlas favorables.
Para algunos las hadas son almas de los druidas que murieron. Los druidas eran los sacerdotes y los profetas de los antiguos celtas que habitaron la Galia y las islas británicas desde el siglo II a.C. hasta el II d. C. Los druidas estaban muy instruidos en temas como la astrología, la magia y las cualidades de plantes y animales. En Astérix y Obélix el druida era el viejecito con barba que hacía las pócimas con plantas y animales que ayudaba siempre a los galos. Según esta teoría, las hadas son las almas de los druidas, lo que explica su contacto y conocimiento de la naturaleza.
Otros pueblos coinciden en relacionar las hadas con la muerte, pero en este caso defienden que las hadas son las almas de los niños muertos que no habían recibido el bautismo. En Cornualles dicen que las almas de estos niños no bautizados se llamaban Piskies y aparecían en el crepúsculo en forma de pequeñas mariposas blancas. Para otros son las almas de los muertos paganos que murieron antes del Cristianismo.
Tambien hay otra leyenda que cuenta que cierta vez, estaba Eva, a orillas de un río, bañando a sus hijos, cuando escucho que Dios, le hablo. Temerosa, Eva oculto a los hijos que todavía no había bañado, para que Él no los viera. Dios, que todo lo ve, le preguntó si con ella estaban todos sus hijos y Eva mintiendo, respondió que sí. Entonces, Dios le advirtió que aquellos que había ocultado, quedarían ocultos para siempre a los ojos de los hombres y fueron esos niños los que se convirtieron en hadas o Elfos.
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Según se puede apreciar, el norte de Europa sabe de las Hadas, así como las Islas Británicas, pero de igual manera no son ignoradas en Alemania ya que allí se las conoce bajo el nombre de Nornes, hilanderas al estilo de las Parcas griegas, y a las que podríamos denominar como una suerte de “madres” de las Hadas, su fuente creadora. Estas Hadas son las que en el nacimiento de los niños, se acercan a sus cunas para concederles dones o maleficios, en virtud de cómo sean estas Hadas buenas o malas, que las hay, y entonces se conocen bajo el nombre de brujas.
En Francia nos encontramos con el Hada Abonda o Abonde, que procura abundancia. En Italia con Aia o Ambriane, Hada que pertenece al grupo de las llamadas Damas Blancas, Sin movernos de Italia, nos tropezamos asimismo con la famosa Befana que trae regalos a los niños por Navidad, fórmula que se repite en Francia con el Hada Arie. En Venecia tenían a la Dona Bruta y en Brescia a la Besola.
En España, en Catalunya, en la reserva forestal del Montseny, existe un lago en el cual, las noches de luna llena, se afirma que salen de sus aguas las Hadas para bailar al claro de luna; hay quien asegura haberlas visto.
Paracelso un mago y alquimista escribió en su tiempo un “LIBRO DE NINFAS, SÍLFIDES, PIGMEOS Y SALAMANDRAS Y DEMÁS ESPÍRITUS”, en el cual se intenta dar explicación de todo ese universo variopinto y misterioso que parece ser el hábitat de los sutiles elementales, fascinadores o temibles, según se les considere .mas Paracelso era un hombre del Renacimiento y las hadas son mucho más antiguas.
El escocés sir James Barrie, autor de “Peter Pan y Wendy”nos relata en su célebre cuento como nacen las Hadas, según el cuento cada vez que un niño ríe por primera vez, su risa se rompe en mil pedazos y cada uno de ellos se convierte en un hada, pero si los humanos, sean niños o adultos, afirman categóricamente, que no creen en las Hadas, ellas mueren. El significado es mucho más profundo de lo que a primera vista resulta; la risa es sonido y crea vida, la negación por medio de la palabra también es sonido y puede destruir.

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